El cuento de todas las noches_I _II _III _IV
Izara miraba de lejos ese objeto extraño de colores hirientes que no solían estar en el mundo que ella conocía: el gris era la base de una atmosfera que se cortaba con rojo afilado y negro sucio. Los humanos que ahí se mostraban quedaban desfigurados, deshidratados… El hada tocó con las yemas de los dedos la superficie sorprendentemente lisa de dónde salían aristas de sensaciones desconocidas para ella. Una pícara brisa le cubrió la mano con la hoja siguiente. Izara acababa de descubrir el mecanismo para usar aquel objeto: fue pasando las finas láminas recreándose en los extraños dibujos coloridos y los pequeños e irregulares trazos negros que los acompañaban.
Durante días, semanas incluso (que más da, el tiempo para las hadas no se cuenta), ese libro fue su obsesión. Empezó a asociar dibujos a palabras que se repetían dolor Suicidio sangre Muerte… Pero todo lo que allí se contaba le parecía tan absurdo, tan irreal, tan lejos del mundo que conocía…
Entre las hojas secas un reflejo verdoso atrajo su mirada: una escama de dragón, al parecer afilada. Y sin pensar en lo que podría ocurrir, con un violento gesto se clavó la escama en el pecho.







